Nos hallamos según todos los síntomas en medio de una de las mayores crisis del mundo moderno. La economía mundial se tambalea y con ella todos los binomios sociales tal como los conocemos: trabajo►pago de impuestos; paro◄ prestación social; vejez►pensión de jubilación.
El tiempo juega en contra. Los gobiernos lo saben y quieren actuar rápido. Demasiado rápido tal vez. Se vuelven a desempolvar las teorías económicas que de alguna manera ayudaron en crisis anteriores. Se debaten se analizan, y se aplican ya a toro pasado, y según las particulares tendencias políticas de cada uno.
Se reabre la eterna discusión: intervencionismo si, intervencionismo no; libre mercado versus mercado súper regulado; sistemas fuertemente tutelados ó sistemas auto equilibrantes etc.
Se trata sin duda de un problema complejo. Culpar únicamente a un hecho aislado y concreto como se está haciendo con las hipotecas subprime, o con la Banca de Inversión y sus sofisticados productos buñuelo, no solo no responde a todas las preguntas, sino que puede hacernos creer ilusamente que podemos solventarlo con cierta facilidad.
No parece tampoco que el único originador del problema sea un solo país o un solo sector, en este caso el sector financiero, a quién los medios de comunicación acusan simultáneamente de haber financiado en exceso y de no financiar en estos momentos de crisis.
Es absurdo y muy infantil pensar que si una persona adulta pide un crédito por encima de sus posibilidades, la culpa es de la entidad financiera que se lo presta. Es tanto como asumir que la ciudadanía no es capaz de hacerse responsable de sí misma. Debió controlarse más el crédito, ciertamente, pero no queramos eludir la parte de culpa que recae sobre cada uno de nosotros.
Para salir adelante hará falta algo más que capacidad de liderazgo. Será necesario desprenderse de ideologías, y saber rodearse de expertos, pero sobre todo integrar a gente imaginativa tanto en el equipo de diagnóstico como en el que ha de diseñar soluciones.
No es momento de tratar de evidenciar que los síntomas de esta crisis demuestran las teorías de nuestra propia ideología política. Una actitud demagógica sería tremendamente irresponsable en estos momentos, y no nos permitiría superar este bache.
martes, 11 de noviembre de 2008
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