martes, 11 de noviembre de 2008

1. ¿Que está pasando realmente?

Nos hallamos según todos los síntomas en medio de una de las mayores crisis del mundo moderno. La economía mundial se tambalea y con ella todos los binomios sociales tal como los conocemos: trabajo►pago de impuestos; paro◄ prestación social; vejez►pensión de jubilación.

El tiempo juega en contra. Los gobiernos lo saben y quieren actuar rápido. Demasiado rápido tal vez. Se vuelven a desempolvar las teorías económicas que de alguna manera ayudaron en crisis anteriores. Se debaten se analizan, y se aplican ya a toro pasado, y según las particulares tendencias políticas de cada uno.

Se reabre la eterna discusión: intervencionismo si, intervencionismo no; libre mercado versus mercado súper regulado; sistemas fuertemente tutelados ó sistemas auto equilibrantes etc.

Se trata sin duda de un problema complejo. Culpar únicamente a un hecho aislado y concreto como se está haciendo con las hipotecas subprime, o con la Banca de Inversión y sus sofisticados productos buñuelo, no solo no responde a todas las preguntas, sino que puede hacernos creer ilusamente que podemos solventarlo con cierta facilidad.

No parece tampoco que el único originador del problema sea un solo país o un solo sector, en este caso el sector financiero, a quién los medios de comunicación acusan simultáneamente de haber financiado en exceso y de no financiar en estos momentos de crisis.

Es absurdo y muy infantil pensar que si una persona adulta pide un crédito por encima de sus posibilidades, la culpa es de la entidad financiera que se lo presta. Es tanto como asumir que la ciudadanía no es capaz de hacerse responsable de sí misma. Debió controlarse más el crédito, ciertamente, pero no queramos eludir la parte de culpa que recae sobre cada uno de nosotros.

Para salir adelante hará falta algo más que capacidad de liderazgo. Será necesario desprenderse de ideologías, y saber rodearse de expertos, pero sobre todo integrar a gente imaginativa tanto en el equipo de diagnóstico como en el que ha de diseñar soluciones.

No es momento de tratar de evidenciar que los síntomas de esta crisis demuestran las teorías de nuestra propia ideología política. Una actitud demagógica sería tremendamente irresponsable en estos momentos, y no nos permitiría superar este bache.

2. Síntomas

  • Crisis de liquidez. Las entidades financieras sufren problemas de liquidez. No tienen dinero para prestarse entre ellas y tampoco a sus clientes.
  • Destrucción de empleo. La falta de recursos financieros está afectando a muchas empresas; algunas están reduciendo empleados ante la falta de crecimiento.
  • Desconfianza de los mercados. Tanto los inversores como los prestamistas desconfían del sistema. Intuyen que algo pasa. Cuando se produce una acción de los poderes públicos, los agentes sociales reaccionan positivamente; pero si no perciben que el problema está completamente resuelto, la desconfianza vuelve a aparecer.
  • Crisis inmobiliaria. No se da en todos los países en la misma medida, pero en nuestro país se constata un exceso de producción inmobiliaria, que, junto a unos precios desorbitados, han desembocado en una bajada de la demanda desconocida hasta ahora.
  • Inflación. Tampoco aquí se produce de forma uniforme entre todos los países, pero en general sufrimos un incremento peligroso de la inflación.
  • Disminución del consumo. Nos encontramos ante una acusada reducción de la demanda tanto de bienes de consumo cómo de servicios. Esta disminución del consumo provoca también una disminución del PIB.
  • Aumento de los stocks. Ante la falta de demanda, se acumulan los stocks de determinados bienes cuya producción no puede regularse de forma inmediata por las características propias del producto. Es el caso de las viviendas, los automóviles, y las máquinas herramientas.
  • Miedo generalizado. Todos tenemos miedo a lo desconocido, y en esta crisis casi todo es desconocido. El miedo produce parálisis: se sale menos, se compra menos, se invierte menos.
  • El dinero no circula. Que el dinero no circule es más grave de lo que parece. Contrariamente a las opiniones en contra del consumismo, en nuestra sociedad basada en la producción y el consumo, es neceario que el dinero se mueva y que lo haga a la velocidad adecuada. Cuando circula correctamente es como un río que crea riqueza a su paso; cuando se para se convierte en una ciénaga que genera recesión, y si lo hace a demasiada velocidad se produce inflación y paro.
  • Entrada en recesión. El aumento desde hace meses del desempleo, la disminución del consumo, el aumento en la cartera vencida de los créditos, la inflación, el aumento en tasas de interés y la disminución del PIB confirman que estamos ante una recesión generalizada.
  • Se desinflan los productos buñuelo de atractivo envoltorio y dudoso contenido. Los panaderos de Wall Street amasaron fortunas vendieron productos financieros cuya rentabilidad se basa en estimaciones erróneas, y en muchos casos fraudulentas, del riesgo asociado. Ejemplo son los paquetes de hipotecas subprime, los bonos basura, y los productos estructurados. En estos productos han invertido fundamentalmente los gobiernos de determinados países, y la mayoría de las entidades financieras.
  • Aumento de la morosidad. El miedo, la falta de crecimiento económico, y sobre todo el desempleo, están provocado un aumento importante de la cartera vencida de los créditos, que a su vez incide negativamente en la liquidez de las entidades prestatarias.

3. Diagnóstico

El diagnóstico es la parte más crítica del proceso de análisis de la crisis. Un mal diagnóstico nos llevará a aplicar un remedio inadecuado.

Veamos por orden de importancia que ha hecho más daño a la economía.

Uso indebido de las herramientas financieras.

Empaquetar un grupo de préstamos se hace para venderlo cediendo parte del margen, y de este modo volver a disponer de liquidez para seguir prestando. Hasta aquí es un sistema inocente y sin aparente toxicidad. ¿Pero qué sucede si se invierten los papeles y el objetivo no es conseguir liquidez para seguir prestando, sino que se utiliza para conseguir dinero para inversiones de riesgo.?. Estaremos utilizando un mecanismo correcto para una función para la que no fue diseñado, y los sistemas auto-equilibrantes no funcionarán.

Peor efecto sobre la economía han causado el uso indiscriminado de : productos derivados, para obtener altas rentabilidades con mucho riesgo; la compra de valores mediante un fuerte apalancamiento, la venta al descubierto, y las apuestas "a la baja".

Todos estos errores han convertido la economía occidental, o de libre mercado, en una economía piramidal, donde la riqueza es aparente, y no tiene su contrapartida en la generación de riqueza mediante el trabajo.

Exceso de crédito especulativo en el mercado.

Ante una atractiva oferta de productos de inversión de alta rentabilidad, todo el mundo pretende invertir en ellos: gobiernos, entidades financieras, empresas, e incluso particulares, ignorando sorprendentemente que la rentabilidad va asociada al riesgo.

Estos actores no siempre disponen de dinero en efectivo para invertir, con lo que en muchos casos se utiliza el crédito para acceder a productos de alta rentabilidad teórica, pero con alto riesgo real.

De nuevo una búsqueda de beneficios desmesurados, sin atender al riesgo, y utilizando apalancamiento.

Libertad excesiva de los mercados.

Permitiendo una proliferación de productos de ingeniería financiera, que posibilitan apostar a que un determinado valor, índice, o materia prima tendrá un precio en una determinada fecha.

Cuando estas apuestas son a la baja, causan aún más alteraciones de los mercados financieros.

Estos productos más propios de un casino que de un sistema financiero serio, permiten comprar ‘apostar’, sin disponer más que de una parte de efectivo, generando una demanda ficticia y una peligrosa alteración de los precios de las empresas y de las materias primas.

Comprar una materia prima a futuro a un determinado coste, para garantizar así el precio de un producto elaborado con ella, es una práctica lícita, efectiva y estabilizante; pero utilizar el mecanismo de forma especulativa, sin ninguna intención de compra real, y apostando solo a ganar un diferencial, es no solo causa de aumentos y caídas injustificadas de los precios, sino también causa indirecta de un aumento de la inflación, al alterar el precio de los productos básicos.

Hipotecas subprime

Están siendo el chivo expiatorio de esta crisis. Tal vez por haber sido el detonante y la primera causa que los expertos identificaron.

Pero ¿son el único problema?. ¿Pueden haberse vendido y empaquetado tantas hipotecas subprime en Estados Unidos como para haber desencadenado la crisis actual?. Si sumamos las cifras que cada país ha destinado ya a paliar la crisis, habría dinero suficiente como para desintegrar todas las hipotecas subprime y el problema ya se habría resuelto.

Las hipotecas subprime se originan cuando se ofrecen créditos con garantía hipotecaria a ciudadanos que no pueden pagarlos; y también a ciudadanos que no las necesitan.

El primer efecto produce un aumento de la morosidad, coeficiente que debería haberse contemplado a la hora de valorar su rentabilidad.

Mediante la conversión de los paquetes de hipotecas en bonos vendibles a terceros, se recupera liquidez en la entidad financiera.

Pero si el riesgo de estás hipotecas se hubiese reflejado correctamente en la rentabilidad de los bonos que con ellas se generan, el daño habría sido mucho menor.

Veamos cuales son los procedimientos para poner estos productos en el mercado, ya que si nos atenemos al resultado, podría pensarse que no existía ningún control.

1.- A la hora de conceder una hipoteca a un cliente, las entidades financieras analizan su capacidad de pago, así como la solidez de las garantías aportadas.

2.- Cuando se confecciona un 'paquete' con una serie de hipotecas similares, para convertirlos en bonos, se analiza uno a uno cada préstamo, y se rechazan los que no cumplen los parámetros previamente establecidos.

3.- Las empresas de tasación certifican que los bonos que se confeccionarán con esas hipotecas son de un determinado nivel de riesgo, es decir que las posibilidades de obtener la rentabilidad prometida es de ‘tal’ nivel, y la posibilidad de que valgan menos es de 'tal' otro nivel.

El procedimiento contempla que al menos tres organizaciones diferentes participen en el proceso, y por lo tanto el resultado debería ser el correcto.

¿Cómo pudieron entonces deslizarse en el mercado sin ser vistos?. ¿Que falló?.

1. Primero la falta de control del riesgo de algunas entidades de crédito, que otorgaron préstamos sin incluirlo adecuadamente en la valoración del tipo de interés a aplicar. Los gobiernos no supieron anticiparse al problema que iba creciendo de día en día y regularlo adecuadamente.

2. En segundo lugar, fallaron las empresas que titulizan y los bancos de inversión, que debieron, según sus propios procedimientos, haber calificado adecuadamente estos productos empaquetados.

3. Finalmente fallaron las empresas de calificación que nunca debieron otorgar calificaciones de ‘bajo riesgo’ a determinados productos que eran todo lo contrario.

4. Cómo corregir los efectos de esta crisis

Aunque es importante corregir las causas que han producido esta crisis, convendría primero eliminar la sintomatología, y tal vez en paralelo, ir estableciendo los mecanismos para que no vuelvan a cometerse los mismos errores.
No cabe duda, en mi opinión, sobre la necesidad de intervención de los estados. Estos deben intervenir siempre que la ciudadanía esté en peligro, y nadie duda de que ahora lo está.
Los gobiernos no pueden dejar de elegir el mal menor; parece fuera de toda duda que, entre limitar la libertad de mercado, y la inflación el paro y la recesión, no cabe más opción que actuar sobre la libertad del mercado de la manera más rápida y eficiente posible.
Considero una negligencia esperar a que los mercados actúen de forma automática. Seguramente lo harían, pero en unos plazos no aceptables, y con unos daños colaterales difíciles de predecir.
No se trata de que, cómo decía Keynes, el estado intervenga de manera contracíclica, sino de que asuma su responsabilidad de proteger al ciudadano y al sistema de vida que quiere darse, mediante el establecimiento de reglas correctas; cuando éstas fallan, o no previenen adecuadamente las crisis, el estado tiene que actuar de forma inmediata. Sobre todo por ser el responsable de no haber sabido establecer en su momento los mecanismos de control necesarios.
Es necesario tomar conciencia de que resolver la crisis, no es devolvernos al estado de riqueza en el que estábamos hasta la primavera del 2007. Para resolverla, el gobierno tiene que gestionar un empobrecimiento global de la sociedad, hasta situarla en el lugar en que la riqueza sea real.
Es importantísimo que los gobiernos actúen con imaginación para que este empobrecimiento no caiga solo sobre determinados ciudadanos. Harán falta nuevos e imaginativos mecanismos de redistribución que permitan que, de forma temporal y mientras dure la crisis, el peso caiga sobre toda la sociedad de manera uniforme.

Nuevos impuestos temporales.

Es necesario crear nuevos impuestos temporales cuyo importe vaya directamente a los mecanismos de financiación que el estado establezca para las empresas, sin pasar necesariamente por el sector financiero, y con un riguroso control sobre el plan de viabilidad que se exigiría en cada caso.
Se ayudaría así a mantener el empleo, y se daría tiempo a las empresas para superar la crisis.
Los argumentos en contra del incremento de impuestos porque quitan dinero de las familias, que son los consumidores finales, no se aplican en este caso, porque el destino final es la supervivencia del empleo; tengamos en cuenta que los trabajadores que se queden en paro consumirán en la misma proporción que lo harían aquellos sobre los que recae el nuevo impuesto.

Sería oportuno que el peso del paro, cuando supera el 10%, recaiga sobre los que tienen trabajo. Para hacerlo con justicia, hay que diseñar un mecanismo que haga que la nueva tasa recaiga sobre todos los que tienen ingresos, y no solo sobre los que cobran nómina. Hay que evitar aumentar demasiado el déficit público por encima del 3%, o estaremos de nuevo hipotecando el futuro.

Liquidez.

Para restablecer la confianza en los mercados es necesaria la liquidez. Nos encontramos ante un nuevo problema: ¿Cuál es la liquidez correcta?, ¿la que equilibra la oferta y la demanda, o la que se ajusta al valor monetario de la riqueza real?.
Asumamos que para paliar la crisis hará falta la máxima liquidez posible a cortísimo plazo, y que posteriormente la equilibraremos.
Parece imprescindible que para inyectar liquidez a los sistemas financieros hará falta comprarles sus activos; comprarles participaciones en las empresas, o cualquier otro procedimiento que restablezca los mecanismos de financiación. No trato aquí de decir cuales, entre otras cosas porque ni siquiera los conozco todos, para eso hay expertos; lo que considero imprescindible es que los gobiernos se aseguren de que el dinero prestado retornará a las arcas del estado con los intereses correspondientes.
Inyectar liquidez en las empresas. Ante unas tasas de destrucción de empleo y de liquidación de empresas, deben habilitarse mecanismos en el estado que inyecten liquidez directamente en las empresas que se demuestren viables, sin esperar necesariamente a que lo haga el sistema financiero, que está tan falto de liquidez que tardará demasiado en poder hacerse cargo de ello.

Integración del dinero negro en el circuito financiero.

En necesario integrar el dinero negro en el circuito financiero. Propongo para ello medidas acordes con la gravedad de la situación. No es tolerable ante esta crisis la falta de solidaridad de determinados ciudadanos. Propongo una amnistía fiscal de dos meses para que aflore el dinero negro, y posteriormente que se apliquen seriamente las penas de cárcel ya contempladas para quienes oculten dinero al fisco, incluso aumentarlas, y dotar al Ministerio de Hacienda de los medios adecuados para aplicarlas.

Inflación.

Hay que contener la inflación. Se está comprobando que a la falta de demanda no siempre le corresponde una disminución de los precios a la velocidad adecuada; a veces incluso sucede lo contrario.

Este aumento de precios unido a una reducción de la demanda, incrementa los efectos de la crisis. Disminuyendo el consumo, disminuye la producción y el empleo.
Se está comprobando en esta crisis, que mantener alto el precio del dinero no garantiza el control de la inflación con la eficacia esperada.
Sería importante actuar sobre los agentes sociales mediante formación y campañas específicas, para que los precios se ajusten a la demanda, ya que, aunque suponga una reducción a corto plazo de los márgenes, restablecerá la economía, la producción y el empleo a medio y largo plazo.

Generar empleo.

Hay que tomar cuantas medidas sean necesarias para generar empleo, con actuaciones simultáneas que multipliquen su efecto:

1. Facilitando liquidez a todas las empresas: grandes, medianas y pequeñas.
2. Animando la creación de nuevas proyectos empresariales.

3. Eliminando sobrecargas burocráticas, y excesivas cargas impositivas.

4. Acelerando controladamente la circulación del dinero, mediante la contención de los precios, y con mensajes creíbles que reduzcan el pánico a la recesión.

5. Incentivando la contratación con cuantas fórmulas sea posible.

6. Manteniendo durante toda la crisis un verdadero diálogo social, sin sacrificarlo a los protagonismos.

Control de la especulación.

En quinto lugar, paralización o eliminación del mercado financiero de los productos altamente especulativos, y de las entidades que los generan, hasta disponer de un estudio riguroso que permita establecer las reglas y el marco dentro del cual deben mantenerse.

Bienes protegidos.

Por último sugiero que se habilite una relación de todos aquellos bienes sobre los que no pueden actuar los mecanismos especulativos, librándolos de la alteración artificial de sus precios. Lo denominaríamos ‘bienes protegidos de la humanidad’, y allí estarían la energía, la riqueza forestal, alguna de las materias primas alimentarias: trigo, maíz, arroz, etc.

5. Corrección de las causas primigenias

Puede parecer de lo escrito hasta aquí que el problema se debe a una coincidencia de errores de control del mercado especulativo, y de una irresponsable asunción del riesgo por parte de todos los actores del sistema financiero, desde los gobiernos, que no solo no regularon, sino que invirtieron y se beneficiaron de los impuestos de una especulación sin freno; hasta los compradores finales de bienes cuyo coste distaba mucho de estar al alcance de sus ingresos reales.
Sin embargo aunque que todo lo visto hasta aquí es muy grave, no explica adecuadamente la crisis.

La teoría que aquí se desarrolla sostiene que esta crisis no es más que un ajuste brusco a la riqueza real, provocado por el estallido de un sistema económico que se había convertido en piramidal.

Veamos para entender esta teoría un modelo reducido que permita visualizar el problema. Si usted compra un producto mediante un crédito que paga en un año, usted recibe un bien para cuya adquisición aún no ha generado la riqueza que corresponde como contrapartida; la generará a lo largo del año en el que paga el préstamo. Se produce pues un pequeño desequilibrio entre la riqueza real, el bien adquirido, y la riqueza virtual, el compromiso de que lo pagará en un periodo de tiempo en el que la riqueza virtual se irá convirtiendo en riqueza real mediante las amortizaciones, fruto de su creación de riqueza mediante su trabajo.

Cuando quien presta es una entidad financiera, puede hacerlo de parte de su capital, y la situación dependiendo de los intereses que aplique, es perfectamente asumible. El desequilibrio generado por el tiempo que tardará en devolverse el préstamo, puede considerarse incluso necesario para provocar un crecimiento controlado.

Lo que sucede en las fases de euforia compradora es que las entidades prestan más dinero de lo que tienen como capital; para ello acceden (legalmente) a los ahorros de sus clientes. En este caso, y salvo que una parte muy importante de los ahorradores quieran retirar su dinero en el mismo momento, el sistema también puede funcionar. No obstante existe un grave riesgo de que por rumores que produzcan situaciones de pánico se genere una crisis de liquidez y una catástrofe financiera.

Con objeto de mejorar aún más las cuentas de resultados, y presionadas por la demanda y por la competencia, las entidades financieras ponen aún más crédito en el mercado, no siendo suficiente la suma de su capital y el ahorro de sus clientes. Para hacerlo se ven obligados a buscar financiación. !Las entidades financieras tienen que pedir prestado dinero para poder seguir prestando !.

Con este mecanismo empezamos ya a provocar un desequilibrio muy importante entre la riqueza real, que es lo que estoy adquiriendo; y la contrapartida, que definiremos como virtual y futura porque la pagaré dentro de tiempo x.
Este desequilibrio, aceptable, e incluso necesario en su justa medida, se convierte en peligroso si aumenta excesivamente, ya que las cantidades prestadas y los plazos, se extienden tanto que no dará tiempo a que la riqueza virtual se convierta en real. Tomemos por ejemplo la deuda de países emergentes, cuya riqueza contrapartida es posible incluso que nunca llegue a generarse.

Desgraciadamente las 'fuerzas financieras' han encontrado el modo de ir más lejos aún inventando los “Hedge Funds” que consisten en estrategias mediante las cuales venden y compran acciones, bonos, futuros y otros tipos de derivados, pero sin límite de ninguna clase, pudiéndose por ejemplo concentrar toda la inversión en un mismo tipo de riesgo.

Hace años, cuando estos 'Hedge Funds' proliferaron en los mercados provocaron la crisis asiática, la brasileña y, ahora, la nuestra. Por no citar su responsabilidad sobre la subida del crudo y de los cereales. Era el momento de haber tomado medidas, pero no se hizo nada.

Los fondos de riesgo se multiplican, pero son tan complejos y las entidades que los emiten tan poderosas, que hasta ahora los reguladores y políticos no se han atrevido a intervenir.

El uso indiscriminado de estos productos, con cifras de inversión que superan lo imaginable, crean unos beneficios con escasa contrapartida en la generación de riqueza real, aumentando lo que hemos denominado "desfase entre riqueza real y riqueza virtual".
Cuando este desequilibrio se convierte en abismal, acaba reaccionando bruscamente ante cualquier catalizador, tendiendo a equilibrarse de forma automática.

Es como un globo que se hincha cada vez más hasta que un elemento, al que inocentemente se señalará como único culpable, -en esta crisis lo han sido las hipotecas subprime-, hace explotar el sistema.
Inmediatamente después de la explosión, la economía tenderá automáticamente a equilibrar la riqueza virtual con la real, provocando un empobrecimiento generalizado de mayor dimensión incluso que el desfase que trata de equilibrar.

Por decirlo en otras palabras. Nuestra sociedad occidental, cuyo modelo ya afecta a todo el globo, ha generado a lo largo de los últimos años, y por culpa de: ingresos artificiales derivados de la ingeniería financiera; la especulación sobre productos básicos para la economía social, y un excesivo mal uso de crédito, una riqueza virtual inexistente, que no tiene el necesario respaldo en la riqueza producida.

Con nuestros errores hemos convertido la economía de mercado en modelo económico piramidal.

Lo maravilloso de esto, si no fuese tan dramático, es que el dinero desaparece literalmente del mercado: no está en ningún sitio, se ha volatilizado como si hubiese sido un espejismo; pero lo que ha sucedido es que solo queda la riqueza real, que es muy inferior a la que creíamos tener antes de la crisis, que era virtual. Realmente solo 'desaparece' el dinero espejismo, pero desgraciadamente el dinero real solo es suficiente para una parte de lo que la economía demanda, y la debacle está servida.

No es que nos encontremos ante un problema exclusivo de falta de ética, es que las consecuencias de lo que estaba pasando no habían sido identificadas y corregidas con tiempo suficiente por una cuestión de simple ignorancia.

El modelo actual, al igual que los sistemas piramidales ya conocidos, funciona mientras crece el consumo, (mediante el crédito), a un ritmo cada vez mayor, pero como todo sistema piramidal termina necesariamente desplomándose.

La gran depresión de 1929 causada por la caída en la oferta monetaria de un 30%, fue debida seguramente a un ajuste entre la riqueza real y la riqueza virtual similar al que se está produciendo en estos momentos.

Para corregirlo solo cabe asumir un empobrecimiento de la economía hasta ajustarla a la riqueza real; a partir de ahí debemos trabajar para conseguir una tasa de crecimiento cuya pendiente no sea excesiva ni artificial, estableciendo controles sobre el origen y el destino del crédito: sobre el origen porque debe provenir de riqueza ya creada; y sobre el destino, porque debe limitarse la cantidad del mismo que puede dedicarse a la especulación.

Adicionalmente propongo la creación de un organismo dentro de las Naciones Unidas, o de cualquier otro estamento internacional en el que estén representadas las potencias económicas más importantes.
Este organismo se ocuparía de definir los marcos de actuación y las reglas del juego financiero.

Considero importante que también participen las universidades que considero co-responsables por no haber sabido predecir una crisis de estas dimensiones; ocupadas tal vez más en analizar antiguas teorías y crisis pasadas, que en determinar a dónde conduce el modelo económico y social en el que todos vivimos.

Es el momento de tener en cuenta, como se sugiere en el capítulo cuatro, que la especulación con bienes primarios tiene unos efectos muy negativos sobre la economía ya que repercuten en la fuerza productiva encareciendo los costes de producción y generando inflación. Sugiero la creación de una lista de ‘bienes primarios de la humanidad’ sobre los que no cabría especulación alguna, y sobre las que debe establecerse un control férreo que limite los mecanismos financieros que pueden actuar sobre ellos.

En esta lista estarían entre otros el arroz, el trigo, el maíz, la energía, la enseñanza, la vivienda, y la salud.

Debe necesariamente existir financiación para ellos; pero financiación no debe ser sinónimo de especulación. Estaría permitido, por ejemplo, comprarse soja a futuro, pero para garantizarse un precio de producción, no como mera apuesta para obtener un diferencial, sin interés alguno en la compra final, y mucho menos apuestas a la baja.

Evitar la especulación sobre los elementos básicos de la sociedad, no es solo cuestión de ética; cuando el coste de los elementos críticos es muy alto, el trabajador emplea para obtenerlos la mayor parte del salario, y le quedará poco margen para consumo de otros bienes. Recordemos que si el dinero no circula, las empresas no pueden mantener, ni su actividad, ni el empleo.

6. Conclusión

  • La crisis se ha originado porque hemos terminado en una economía piramidal, que ha provocado un desequilibrio excesivo entre riqueza real: la que ya he producido, y riqueza virtual: la que produciré a lo largo de los próximos años.
  • Han funcionado sin control los mecanismos para poner crédito en el mercado, permitiendo con su exceso que la economía se convierta en piramidal.
  • Se ha utilizado el crédito para especular con productos de altísimo riesgo, entre los que incluyo la vivienda, multiplicando los efectos del desequilibrio entre riqueza real y virtual, conduciéndonos de nuevo, de forma irremediable, hacia un modelo piramidal.
  • Salir de la crisis no significará volver a dónde estábamos, sino a dónde nos corresponde. Así, las empresas, los trabajadores, y los funcionarios deberán empobrecerse en al menos un 30%. De cómo gestionen los políticos las herramientas para que se haga un reparto uniforme de la carga, dependerá no solo la justicia social, sino el plazo final para que el sistema se estabilice. No queda más camino que una gestión adecuada por parte de los gobiernos del empobrecimiento global . Hará falta romper todas las reglas conocidas, y reinventar las terapias. Ignorarlo, o hacerlo de forma injusta o inadecuada solo agravará y alargará esta crisis. Los inversores en bolsa, o en productos que se basen en ella, deben esperar una estabilidad en torno a una bajada del 30%. Por lo tanto el punto de equilibrio desde el que la bolsa empezará a tener un funcionamiento normal rondará los 10.000 puntos (reducción del 30% sobre los más de 15.000 que llegó a alcanzar).
  • El precio de la vivienda se situará en España probablemente por debajo de ese 30% sobre máximos. Dado que la demanda es muy inferior a la oferta, saldrán antes de la crisis aquellas inmobiliarias que tomen la iniciativa de reducir drásticamente los precios; incluso por debajo del coste, asumiendo las pérdidas al igual que lo han hecho los inversores en cualquier producto financiero.